
109. Las Alas que No Tocan el Agua
Mientras el grupo reposa junto al Lago de las Voces Dormidas, una brisa extraña levanta las gotas de agua del aire y forma una escalera de vapor cristalino. Sin decir

Mientras el grupo reposa junto al Lago de las Voces Dormidas, una brisa extraña levanta las gotas de agua del aire y forma una escalera de vapor cristalino. Sin decir

Guiados por la gota de sabiduría entregada por los Suiren, Mei, Kana, Shoma, Tobi y el recién unido Nari llegan a una región oculta por nieblas constantes. Allí, descubren el

Envuelto en una neblina densa, el grupo llega a Isleika, una isla flotante rodeada por aguas quietas que no emiten eco. Al tocar la tierra, Mei siente un cosquilleo en

El grupo desciende a un cañón profundo, rodeado de rocas pulidas como espejos, donde el aire es tan denso que el sonido se retuerce. Este es el Cañón de los

Mientras siguen el rastro del Canto de Luz, Mei y sus compañeros se adentran en una corriente ancestral que los lleva a un rincón sumergido en penumbra: el Hibiki no

Mei y sus amigos emergen en un paisaje helado: el Jardín de Shirohana, un estanque cubierto de hielo tan puro que refleja los recuerdos más profundos. Flores de cristal crecen

Tras su travesía por el Vacío, Mei y su grupo alcanzan un lugar que parece flotar entre el cielo y el agua: el Santuario de las Mil Aguas. No es

Mei se separa de sus amigos al atravesar el sendero de agua que conecta con el Núcleo del Recuerdo, una cámara sumergida donde el tiempo y el espacio se detienen.

Con el eco del Último Recuerdo resonando en su interior, Mei regresa junto a Kana, Tobi, Nari y Shoma. En su mirada ya no hay duda: ha visto el origen,









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