Preocupado por los cambios en los reflejos y los silencios que Nami percibe, Kazan decide sumergirse en los Archivos del Ciclo, un espacio sagrado donde yacen las melodías antiguas de los Guardianes. Con ayuda de Shira, encuentra una partitura incompleta, marcada solo con un símbolo: 「Ø」.
Según la leyenda, ese símbolo representa al “Guardián que No Despertó”, una koi destinada a un rol único: ser la nota neutral, capaz de equilibrar los extremos del canto, para evitar que la armonía se convierta en disonancia. Pero su reflejo jamás apareció… y su nombre fue olvidado para que el ciclo pudiera avanzar sin ella.
Movido por un impulso inexplicable, Kazan entona las sílabas sueltas que acompañaban la partitura. Las aguas del estanque reaccionan: no se agitan… se oscurecen. La luz no puede reflejarse. Incluso Akari, a lo lejos, pierde su imagen.
La melodía incompleta despierta un eco oculto. En medio del estanque se alza una figura: una koi translúcida, sin escamas visibles, cuyos ojos no parpadean. Su voz es un susurro de múltiples tonos.
—“No desperté… porque nadie quiso cantar mi nombre completo…”
Los Guardianes se congregan. Shira, tensa, reconoce la entidad: Aurei, el equilibrio roto.
Aurei no es enemiga… pero tampoco aliada. Habla en coro y en pausa. Dice que el ciclo se está descomponiendo porque los Guardianes han comenzado a ocultar notas, a temer la armonía completa.
Akari le pregunta si está con el ente que imita a Suijin. Aurei no responde directamente.
—“Él solo canta lo que le dejaron cantar.”
Antes de desvanecerse, Aurei deja caer una escama que no pertenece a ningún koi… pero que vibra con todas las notas al mismo tiempo.
Kazan la toma. La partitura final ha comenzado a escribirse.