Las noches en Mizu no Hikari se han vuelto inquietas. Akari sueña con una koi completamente dorada, solitaria en un estanque que nunca ha visto. Ella canta, una nota a la vez, con tristeza. No parece buscar ser escuchada… solo recordada.
Al despertar, Akari nota que su escama dorada pulsa al ritmo de la canción de su sueño. Lo comparte con Nami, quien lo lleva con Shira. La maestra, alarmada, revela que esos no son sueños comunes: son memorias heredadas. Ecos que pasan de koi a koi cuando no hay ciclo suficiente para contenerlas.
La koi dorada del sueño fue llamada Kihane, la única de su ciclo que jamás despertó. Se dice que guardaba un cántico completo en su corazón… pero nunca tuvo voz. Murió antes del primer reflejo. Sin embargo, su canto parece estar reactivándose dentro de Akari, lo que significa que algo está intentando traerla de vuelta.
Paralelamente, Renga y Kazan observan desde lejos el Estanque Sin Reflejo. La figura en su interior continúa formándose, ahora con escamas incompletas que parecen remendadas de distintas voces. No hay identidad fija. Su voz cambia constantemente: un instante es Suijin, al siguiente, Hikari, luego alguien desconocido. Es un mosaico de almas rotas.
Yuki, quien acompaña en silencio, percibe una energía helada, hueca, como si ese ser no tuviera un centro. Renga sospecha: ¿y si no es que alguien está volviendo… sino que algo está intentando ser alguien?
Akari, mientras tanto, repite el canto de su sueño una vez más… y por un momento, ve al reflejo de Kihane en su propia imagen.
La escama dorada resplandece con fuerza. La canción quiere ser escuchada.
Pero, ¿quién más la está oyendo?