El amanecer en Mizu no Hikari trae consigo una tensión silenciosa. Akari y Nami, guiados por Shira, entran en la tercera fase de la Escucha Profunda: captar las estructuras armónicas del Cántico del Origen, una melodía olvidada que se dice es capaz de nombrar todos los ciclos al mismo tiempo.
Durante el entrenamiento, Nami entona sin voz una secuencia exacta de notas que solo Akari puede oír. El cántico no es lineal: se curva, retrocede, se suspende. Al intentar replicarlo, el agua alrededor comienza a vibrar violentamente, atrayendo a otros koi por accidente.
El fragmento termina abruptamente con una nota falsa que genera una distorsión. El reflejo de todos los koi cercanos se desvanece por unos segundos. Shira los detiene de inmediato.
—“Esa canción no está completa. Si la repiten entera… abrirán algo que no debe abrirse.”
Mientras tanto, Renga se aventura al Estanque Sin Reflejo. El ambiente allí no cambia, pero esta vez, el agua canta. No es una melodía reconocible, sino un eco gutural que se va transformando poco a poco en una voz conocida: la de Suijin.
—“Renga… aún tengo una escama… aún recuerdo el principio…”
Pero la voz no es del todo Suijin. Es como si alguien la estuviera ensayando, como un actor que aún no domina su papel.
Renga, perturbado, retrocede. Pero la escama hallada por Kazan empieza a brillar. Desde el fondo, una figura comienza a tomar forma… a medias. Suijin… y algo más.
Shira siente la vibración a distancia.
—“Alguien está intentando cantar con la voz de los que ya partieron…”
Y si lo logra, podría reescribir el ciclo desde el vacío.