En los márgenes exteriores de Mizu no Hikari, Kazan y Yuki descubren algo imposible: un estanque donde el agua parece absorber la luz. Su superficie es oscura, sin reflejo. No hay ecos, ni corriente, ni canto. Pero, aún así… vibra con una presencia antigua.
Yuki, afinada al frío, nota que el lugar no tiene temperatura. Es un vacío perfecto. Allí, el tiempo no fluye. Es como si fuera una página sin escribir.
A medida que se acercan, sienten una presión en sus escamas. El lugar parece “observarlos”, aunque no tiene ojos. Kazan lanza una chispa de fuego al centro del estanque, pero esta se apaga sin dejar rastro. Lo llama el Estanque Sin Reflejo.
En otra parte del mundo koi, Akari y Nami practican bajo la guía de Shira. La Escucha Profunda les permite distinguir las voces que flotan en el agua. Cada corriente guarda una intención, un recuerdo o una emoción no expresada. En su primer ejercicio, captan fragmentos como:
“Yo también fui Guardián… hasta que olvidé cómo nadar.”
“Hikari… yo te seguí, pero nunca me viste.”
Estos mensajes vienen del Estanque Sin Reflejo.
Shira, alarmada, les explica que ese estanque no debería existir. Es un remanente incompleto del ciclo anterior, un eco sólido de los fragmentos de koi que no encontraron cierre. Un lugar donde los Guardianes olvidados quedaron suspendidos.
Al regresar, Kazan encuentra una escama en la orilla del estanque oscuro. Es de Suijin, el Guardián original. Pero Suijin fue disuelto por el canto final.
Entonces, ¿qué está haciendo allí?
Algo o alguien ha comenzado a recomponer lo que fue deshecho.
Y lo está haciendo sin reflejo, sin memoria… pero con intención.