Sinopsis: Mira guía a Hikari a través de un sueño del pasado. Una koi blanca entrega una perla dorada.
Momento clave: Hikari ve una koi idéntica a ella.
Desarrollo: Las dudas sobre su nacimiento crecen. Mira empieza a sentir una conexión con Kazan.
Guiados por una corriente helada, Hikari, Kazan y Shōen llegan a un estanque cubierto por una capa de hielo cristalino: Setsugen-no-Mizu, el Estanque del Invierno Eterno. La luz apenas penetra sus aguas congeladas, y el silencio es tan profundo que parece ahogar los pensamientos. Los árboles que lo rodean están cubiertos de escarcha, congelados en poses de dolor.
Debajo del hielo, duerme Yuki, una koi de escamas plateadas y ojos violetas. Hikari siente su presencia antes de verla: una tristeza inmensa que flota en el agua como una melodía lejana. Para despertarla, deben atravesar el hielo sin romper el delicado equilibrio del estanque. Kazan intenta fundirlo, pero el fuego solo endurece la capa. Shōen propone romperlo con trueno, pero Hikari siente que la clave no es la fuerza, sino la armonía.
Entonces, entona una melodía suave que aprendió en su infancia, una canción que su madre le cantaba. La vibración viaja a través del hielo y llega a Yuki, quien abre lentamente los ojos. Al despertar, el hielo comienza a agrietarse… pero no por destrucción, sino como si respirara. El estanque florece, revelando un jardín sumergido de cristales de nieve y flores de loto congeladas.
Yuki emerge, elegante y distante. Habla poco, pero su mirada lo dice todo: recuerda las eras pasadas, los antiguos guardianes, y el ciclo que se repite. Aunque teme que esta vez el final sea distinto, decide unirse al grupo.
Antes de partir, Yuki señala el horizonte: una sombra se mueve entre los copos de nieve, deformando la realidad a su paso. “La corrupción ya ha llegado al corazón del mundo”, murmura.
Los cuatro nadan hacia el oeste, sabiendo que el próximo estanque no ofrecerá tanta belleza… sino descomposición.