Sinopsis: Fukai ataca con todo. Uno a uno, los guardianes caen.
Momento clave: Mira cae en los brazos de Kazan; Yuki congela el tiempo por segundos.
Desarrollo: Hikari se queda sola frente a Fukai.
Hikari se eleva en el centro del Vacío, rodeada por el reflejo líquido de sus compañeros. Sus escamas, antes pálidas, empiezan a emitir un tenue fulgor dorado. Con los ojos cerrados, comienza a entonar la Canción del Primer Estanque, una melodía que no fue enseñada, sino heredada en el alma de los Guardianes de la Luz.
La canción es simple, pero profunda: sin palabras, solo notas que fluyen como el agua. Cada vibración toca las grietas del mundo, despertando memorias antiguas no solo en los Guardianes, sino en el ciclo mismo. Los estanques que fueron corrompidos empiezan a sanar. Los reflejos rotos se reconstruyen. El tiempo, por un instante, deja de avanzar… y recuerda.
Kurojin comienza a contraerse. Su forma indefinida se agita. El olvido no puede sobrevivir donde hay memoria colectiva y voluntad compartida. Pero no cede fácilmente. Su avance se convierte en un torbellino de vacío, buscando silenciar la canción.
Tsuyo, Yuki, Shōen, Kazan, Renga, Aonami y Amaya rodean a Hikari, creando un escudo vibracional. Cada uno aporta su energía en forma de canto o recuerdo. El Vacío se llena de luz y sonido.
En un momento culminante, el cielo mismo del Vacío se agrieta. Aparece la silueta de Suijin, el antiguo Guardián del Agua, observando con orgullo. No interviene. Solo sonríe.
Hikari alcanza la última nota. Una nota tan alta y pura que no se escucha… se siente.
Kurojin se detiene. Se pliega sobre sí mismo. Y con un estallido silencioso, desaparece.
No destruido. Sellado dentro de una gota, ahora custodiada por el renacido estanque de Fukai, quien ha aceptado su papel como guardián del límite.
El equilibrio ha sido restaurado… pero el precio aún no está claro.