Sinopsis: Tsuki ayuda a Hikari a preparar el Ritual de Renacer.
Momento clave: El agua de Suijin-no-Mizu se tiñe de luz por primera vez en siglos.
Desarrollo: El grupo decide dar su vida por la misión si es necesario.
El agua vuelve al estanque seco de Fukai, pero en lugar de traer calma, despierta algo aún más profundo: Kurojin, el Olvido Absoluto. A diferencia de Fukai, Kurojin no es oscuridad ni vacío, sino la ausencia total de existencia. No tiene forma ni voz; su presencia borra todo lo que toca. Donde aparece, ni el pasado ni el futuro existen.
Amaya palidece. “Kurojin fue sellado antes de que el primer ciclo comenzara. Fue el error primigenio… la nada que dio origen a todo.”
Fukai, arrodillado en el centro del estanque, siente terror por primera vez. “Yo fui creado… pero él es lo que quedó cuando nos olvidaron.”
Kurojin no ataca con violencia. Se expande. Lentamente. Como una mancha de silencio. Y con cada segundo, los Guardianes comienzan a desvanecerse. Primero sus colores, luego sus memorias, y finalmente sus nombres.
Tsuyo olvida cómo se llamaba su mejor amigo.
Yuki no puede recordar la melodía del hielo.
Shōen mira sus rayos… y no sabe si son suyos.
Hikari siente su luz apagarse, como una vela en viento.
Pero entonces, Aonami da un paso al frente. “Si Kurojin es olvido puro, entonces la única defensa… es recordarnos mutuamente.”
Con gran esfuerzo, crea una red de reflejos, conectando a todos los Guardianes a través de su agua interior. “Mientras exista uno que recuerde… no desapareceremos.”
El lazo brilla. Y uno a uno, los Guardianes comienzan a invocar sus recuerdos más potentes. Momentos de amistad, de errores, de sacrificio, de amor. Cada emoción se convierte en escama brillante.
La luz no detiene a Kurojin… pero lo ralentiza.
Amaya revela el último secreto: solo una canción puede sellarlo. Una canción que nadie ha cantado desde la creación del primer estanque.
Hikari, temblando, empieza a cantar.