Tras sobrevivir al Bosque de las Corrientes Invertidas, los koi llegan a un territorio donde el agua hierve en remolinos escarlatas: Akaonami, el Mar Rojo Subterráneo. Es un lugar mítico donde el calor no proviene del sol, sino de las emociones reprimidas de quienes lo cruzan. Cada burbuja que sube a la superficie libera un eco de un recuerdo ardiente.
En el centro del Akaonami se eleva el Volcán Dormido, un pilar de roca negra cuyas fumarolas desprenden vapor y memoria. Aquí deben enfrentarse a una prueba poco común: la aparición de sus miedos más ocultos en forma de fuego líquido.
Reiga se enfrenta a una ilusión de sí misma desatada en furia: una koi cuya fuerza ha destruido sin querer a quienes amaba. Para vencerla, Reiga debe aceptar que el poder no es enemigo si se guía con compasión. Con un grito que vibra en las aguas, abraza a su reflejo… y las llamas se apagan.
Mei, usualmente dulce, se enfrenta a una visión de abandono: un estanque donde nadie la escucha, donde sus palabras no importan. El fuego la rodea, pero recuerda las veces que Namika le tendió la aleta. Canta una melodía suave, y el fuego se transforma en luz.
Ryoku ve el regreso de Kuragami, su peor temor. Esta vez, el espectro lo acusa: “Eres uno de nosotros.” Pero Ryoku, con la cicatriz aún palpitante, contesta:
“Soy el resultado de mis decisiones, no de tu sombra.”
Namika no ve fuego… sino hielo. Su temor no es arder, sino congelarse, dejar de sentir. La visión de sus seres queridos desapareciendo la paraliza, pero al recordar la calidez de sus amigos, rompe el hielo desde dentro.
Superadas las pruebas, los koi emergen del Akaonami más fuertes.
Y en las profundidades, Tobi nada en círculos, sus ojos encendidos… con una llama que aún no ha aprendido a apagar.