Ruri es la primera en partir hacia uno de los Cuatro Pilares del Origen. Guiada por una carpa azul luminosa, llega al Estanque de la Alegría Perdida: un paraje etéreo donde flores de loto danzan con el viento y el agua brilla con tonos pastel. Sin embargo, algo no encaja: no hay canto, no hay risas, no hay movimiento más allá del suave oleaje. El lugar es hermoso… pero vacío.
Al sumergirse, Ruri es transportada a un recuerdo: uno de sus primeros días como aprendiz de Guardiana. Ve su yo más joven, lleno de entusiasmo, intentando hacer reír a una cría koi enferma. Pero fracasa, y su risa se convierte en tristeza. Comprende que ese fue el momento en que empezó a contener su alegría para no molestar, para no parecer frívola frente al dolor de los demás.
Un ser llamado Warana, el Guardián de la Alegría, aparece ante ella. Tiene forma de un pez koi arcoíris, con escamas que parecen música congelada. Warana le dice que el estanque se ha vaciado porque la alegría sin aceptación se marchita. Ruri deberá recuperar su propia alegría, sin culpa, para restaurar el equilibrio.
En una emotiva escena, Ruri comienza a reír sinceramente por primera vez en mucho tiempo, al recordar momentos absurdos, bellos y tontos con sus amigos: Hana comiendo pétalos sin saberlo, Sui cayendo al agua por perseguir una luciérnaga… El estanque responde: flores vuelven a brotar, y las carpas ocultas emergen cantando.
Warana le entrega una perla luminosa que representa la emoción recuperada. Antes de despedirse, le susurra: “El mundo necesita tu risa tanto como tu valor”.
Ruri parte de regreso, el corazón más liviano, mientras una lluvia de pétalos alegres flota tras ella.