Tras el tenso encuentro con Aoshi, Hikaru, Sui y Hana siguen el rastro onírico que los guía hasta la misteriosa Laguna de la Medianoche, un estanque que no puede ser hallado por medios convencionales. Solo aparece ante aquellos que han perdido algo precioso… y están dispuestos a recordarlo.
Para llegar, deben sumergirse en un sueño inducido por una flor espiritual llamada Yumehana, que crece entre las grietas de los Estanques Olvidados. Una vez dormidos, sus cuerpos reales quedan inmóviles, pero sus conciencias nadan dentro de un mundo tejido de memorias, ecos de risas pasadas y caminos de estrellas sumergidas.
En la laguna, el tiempo y el espacio se pliegan como una corriente sin dirección. Sui es la primera en ver una figura conocida: su madre, Ayame, quien desapareció misteriosamente cuando ella era apenas un alevín. La figura sonríe, y sin hablar, le entrega una hoja brillante: una pista para el Segundo Fragmento del Equilibrio.
Hana se encuentra con la imagen de una koi anciana: Sakura, una curandera que una vez la cuidó en su juventud y que le enseña una técnica prohibida de sanación, solo posible en la laguna: la Cicatriz Luz. Este poder, sin embargo, puede transferir sufrimiento al sanador.
Hikaru, por su parte, camina por una corriente estelar donde se topa con un reflejo de sí mismo de niño. Le recuerda que la “luz” no es algo que se obtiene, sino algo que se elige proteger.
Al despertar, cada uno ha cambiado. Sui sostiene la hoja que no se deshizo al despertar: una hoja de memoria real, imposible fuera de la Laguna de la Medianoche. Es la clave para encontrar la siguiente ruta… pero en la superficie, algo los espera: un enjambre de mariposas negras, mensajeras del Loto Blanco.