Inspirados por la verdad, el grupo organiza una ceremonia simbólica en Aogiri: el florecimiento del eco. Consiste en sumergir una perla emocional (una gota de escama mezclada con un recuerdo) en el estanque central y permitirle expandirse en ondas.
Los peces de la aldea acuden, primero con miedo, luego con curiosidad. Cada uno entrega un recuerdo, incluso los dolorosos. Las ondas se convierten en flores de luz sobre la superficie del agua.
Kana, Mei, Tobi, Yari y Reiga sienten que por primera vez, Aogiri ha dejado de temerle a su reflejo.
Pero en lo profundo… una sombra sonríe. Porque ahora el vacío ya no está solo. Está floreciendo.