Buscando una forma de comprender el vacío, Kana sugiere invocar la Canción Invertida, una antigua melodía koi que refleja los deseos al revés. Para ello, deben ir al Estanque Sin Horizonte, un lugar en el que los pensamientos se materializan como corrientes de tinta viva.
Allí, cada personaje ve una versión oscura de sí mismo:
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Mei ve a una líder indiferente, capaz de sacrificar a todos por la armonía.
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Tobi ve a un vengador solitario, lleno de furia por el exilio de su abuelo.
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Reiga se ve atrapado en un ciclo de guerras sin final.
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Kana… no se ve.
La Canción comienza a sonar desde dentro del estanque. Al cantarla, el grupo se libera de los reflejos oscuros, pero también acepta que esos fragmentos existen en ellos.