Con Yari despierta pero emocionalmente inestable, el grupo se dirige hacia el corazón del Espejo Sumergido, donde Narakai comienza a manifestarse como una figura líquida, sin rostro ni límites. El paisaje a su alrededor cambia constantemente: montañas que se licúan, estanques que flotan en el aire, sonidos que no tienen fuente.
Tobi intenta enfrentarlo directamente, pero su luz koi es absorbida como si no existiera. Mei explica que Narakai no puede ser herido por fuerza física ni mágica: es la encarnación de lo inconcluso, del deseo de que todo sea mejor, más puro, más perfecto.
Kana logra proteger a Yari con una burbuja armónica, mientras Reiga lanza una advertencia: “El vacío también canta… si lo escuchas, te consume”. Aún no están listos para enfrentarlo.