El grupo se adentra más en el Reino Subacuático de Aogiri, guiados por Reiga. Él explica que el reino cristalino es un ecosistema vivo, alimentado por los reflejos emocionales de quienes lo visitan. Cada cristal que brilla en las cavernas es un fragmento de un recuerdo, una emoción o un deseo, y Aogiri lo guarda todo, sin juicio ni censura.
Tobi está profundamente perturbado por no ver su reflejo. Reiga le confiesa que el Espejo Sumergido puede esconder los reflejos de los que han perdido su centro emocional. Para recuperar su reflejo, Tobi deberá atravesar una de las cámaras más peligrosas: el Núcleo Silencioso, un lugar donde incluso los pensamientos son absorbidos.
Mientras tanto, Mei se siente atraída por un cristal que late al ritmo de su corazón. Al tocarlo, ve una visión de una versión de sí misma… más oscura, decidida a romper la conexión entre los estanques para siempre. Shoma, cada vez más incómodo con la luz brillante del lugar, empieza a experimentar jaquecas provocadas por los prismas que reflejan sus emociones reprimidas.