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PROYECTO KOI

124. La Cuenca de los Guardianes Dormidos

El episodio abre con una vista majestuosa: ruinas circulares cubiertas por algas de oro y esculturas colosales de koi alados dormidos entre columnas derruidas. El silencio no es total, pero hay una vibración grave, como un sueño profundo que aún respira.

Los protagonistas se mueven con reverencia. Cada uno siente una presencia ancestral, como si los observaran desde detrás de las estatuas. Mei, siguiendo una corazonada, se acerca a una de ellas y coloca su aleta sobre una placa de piedra tallada.

La cuenca empieza a responder: las estatuas se iluminan una por una, y de ellas emanan ecos de historias olvidadas. El grupo presencia visiones de los primeros koi guardianes sellando el Corazón del Agua para protegerlo de una oscuridad llamada “La Marea Sin Nombre”.

Un mensaje grabado emerge del fondo:

“Solo quien ofrezca su luz al descanso eterno podrá abrir la senda siguiente.”

Los koi dudan. ¿Qué significa ofrecer su luz? Entonces, Shoma da un paso adelante. Toca la inscripción y comienza a cantar una melodía que compuso durante su prueba en la Ruta de los Silencios. Al hacerlo, su cola empieza a brillar con una intensidad suave. Sus notas despiertan al primer Guardián Dormido: un koi de cristal y obsidiana llamado Seiran, quien los observa con ojos antiguos.

Seiran habla con voz profunda:

“La luz ha sido dada. El mapa se alinea.”

Un nuevo fragmento del mapa aparece sobre el agua. Sin embargo, Shoma cae débil. No ha perdido su vida, pero sí parte de su energía vital… y su capacidad para crear nuevas melodías por un tiempo.

El episodio concluye con Seiran nadando junto al grupo, diciendo que los acompañará solo hasta el próximo portal: el Laberinto de las Mareas Dobles.

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