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PROYECTO KOI

108. El Lago de las Voces Dormidas

El viaje continúa. Mei regresa junto a Kana, Shoma y Tobi, pero ahora su presencia parece distinta: más serena, más consciente. Sus amigos notan que ya no responde con palabras inmediatas, sino con pausas que parecen contener el mundo entero. Al tocar el agua, escucha cosas que nadie más oye.

Guiados por un susurro que parece surgir de los propios sueños de Mei, llegan a Hotarumi, el Lago de las Voces Dormidas. A primera vista, parece desierto. Pero bajo la superficie, vibraciones sutiles resuenan como latidos: son canciones que nunca llegaron a despertar.

El lago está custodiado por un anciano koi llamado Harukoi, de escamas tan pálidas que parecen polvo lunar. Él les cuenta que, en este lugar, yacen los cantos de los koi que decidieron dormir eternamente tras una gran tristeza ocurrida generaciones atrás, cuando la armonía se rompió por primera vez.

“Este lago no necesita ser despertado con fuerza, sino con ternura.”

Mei se sumerge lentamente, dejando atrás su voz. En el silencio profundo, permite que su corazón escuche lo que no tiene forma ni nombre. Poco a poco, los ecos del dolor reprimido comienzan a emerger: cantos tristes, hermosos, antiguos. No buscan consuelo, solo ser reconocidos.

Entonces Mei canta. Una melodía suave, sin intención de corregir ni salvar, solo de estar presente. Las voces dormidas, una por una, se despiertan. No como coros alegres, sino como notas tímidas, titilantes, agradecidas.

Harukoi sonríe. El lago brilla con tenues luces danzantes. Mei no solo ha despertado las voces, sino que las ha aceptado sin pedirles que cambien.

El episodio finaliza con el reflejo del cielo estrellado en el lago, ahora lleno de cantos suaves… y un murmullo lejano que llama a Mei desde el horizonte.

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