Ya fuera de la Grieta del Agua, Mei, Shoma, Kana y Tobi se reencuentran con los Irregulares, quienes han sentido el cambio en la corriente: la grieta ha dejado una cicatriz visible en los estanques. La superficie está agrietada, como si el agua ya no pudiera contener su forma del todo.
Nira, debilitada tras su contacto con Retsujin, no puede cantar. Su cuerpo vibra con fragmentos sueltos de melodías que no logra articular. Mei se arrodilla junto a ella, recordando las palabras de su eco: “Tu voz no es sólo tuya, sino de todo lo que elegiste no olvidar.”
Mientras busca una forma de ayudar, Mei descubre que la grieta liberó antiguas Promesas Melódicas, pactos sonoros sellados entre koi en generaciones pasadas. Una de ellas, rota, flota cerca: una melodía incompleta entre una voz desconocida y… la de su madre.
Guiada por ese rastro, Mei convoca una antigua canción, la misma que escuchó de pequeña pero jamás entendió del todo. Esta vez, canta con lo aprendido: fuego, sombra, error, eco. La melodía se transforma y completa la promesa. El agua agrietada responde con una oleada de luz líquida, y la melodía se escucha no solo en los oídos… sino en las escamas de todos.
Nira recupera la voz.
Shoma, Kana y Tobi también sienten algo cambiar: sus melodías se funden sin esfuerzo con la de Mei, como si una red invisible los conectara desde siempre. La promesa restaurada repara parte del daño de Retsujin… pero no por completo.
Desde la distancia, Kyoku observa y murmura:
“El fuego de la ruptura ha comenzado. La Canción Original se tambalea.”
El episodio cierra con una visión: un antiguo estanque, olvidado por todos, empieza a cantar por sí mismo… y nadie sabe por qué.