Sinopsis: Mientras Hikari se recupera, conoce al espíritu Suijin en un plano espiritual.
Momento clave: Suijin le revela que es descendiente de una koi celestial.
Desarrollo: Hikari acepta su papel como conductora de la luz.
Con los siete Guardianes finalmente reunidos, Hikari lidera al grupo hacia el Estanque del Origen, Mizu-no-Kishin, donde las aguas nacieron y el alma de Suijin aún duerme. El trayecto es silencioso. Incluso Kazan y Shōen, usualmente impulsivos, nadan con respeto. Todos sienten que algo se avecina, algo ineludible.
El estanque es vasto y profundo, con aguas tan puras que parecen espejo líquido. Al sumergirse, los Guardianes sienten cómo sus poderes se sincronizan. En el centro, una gran concha sellada por siete anillos de luz espera. Aquí yace Suijin, el dios dormido del agua.
Pero al tocar el sello, no despiertan a Suijin… sino a Fukai.
Emergiendo de la tierra misma, Fukai toma forma: una serpiente de sombra y vacío, formada por fragmentos de estanques rotos, ecos de guardianes caídos y aguas podridas. Su voz es múltiple, hablando con los tonos del miedo, del deseo, del olvido.
Revela que él nació del abandono, de los ciclos rotos, de guardianes que fallaron y aguas que nunca fueron protegidas. No es enemigo de Suijin, dice… es su reflejo olvidado. Mientras exista memoria, él existirá. Y ahora, reclama el estanque para sí.
La batalla comienza.
Los Guardianes luchan como uno: Yuki congela sus extensiones, Kazan las incinera, Shōen canaliza rayos que dividen su cuerpo. Renga mantiene al grupo unido con raíces sagradas, Aonami refleja sus movimientos anticipando ataques, y Tsuyo, aunque debilitado, bloquea el corazón de la bestia con su cuerpo.
Hikari se lanza hacia el núcleo de Fukai. Allí ve un estanque seco… su antiguo hogar, devorado por olvido. Pero al tocarlo con su luz, brota una gota. Una sola.
El episodio termina con Fukai gritando de dolor, mientras una grieta de luz atraviesa su cuerpo.