Mei ha empezado una nueva canción. No pertenece a la Canción Primaria, ni al Vacío, ni a Renga. Es suya. Y al entonarla, el Corazón del Estanque Eterno comienza a mostrar su verdadera forma: un eco vivo del primer canto, donde todas las historias koi aún residen.
Las voces de los protagonistas se unen a la suya. No como instrumentos separados, sino como partes de una misma armonía. El aire mismo vibra con recuerdos: vemos fragmentos de sus viajes, pérdidas y lazos. Cada estanque que visitaron reverbera con la canción. Es un llamado de vuelta a casa.
Renga, confundido y furioso, intenta hacer resonar la Séptima Nota. Pero algo dentro de él comienza a temblar. Un recuerdo olvidado: él también cantó, alguna vez, no para destruir, sino para ser escuchado.
Los fragmentos oscuros de su espiral comienzan a colapsar. El canto de Mei y los demás lo envuelve. Por primera vez, Renga escucha no para contradecir, sino para comprender. La Séptima Nota cambia de tono. Ya no es una ruptura… sino una variación.
En ese instante, el ecoforma dentro de Mei se manifiesta una última vez. Le ofrece una elección: “Canta conmigo y serás más que tú misma. Silencia mi voz y seguirás siendo finita.”
Mei sonríe. “Prefiero ser una voz verdadera, aunque tiemble.”
El ecoforma desaparece, liberando a Mei. La Séptima Nota se fusiona suavemente con la Canción Primaria, sin imponerse. Renga cae al agua, exhausto. Cuando abre los ojos, lo primero que ve es a Mei, ofreciéndole su aleta.
El episodio termina con una calma casi mística. El Corazón del Estanque se pliega lentamente, satisfecho. La canción aún no ha terminado, pero su propósito ha sido recordado.