La misión comienza. El grupo debe dividirse para encontrar los fragmentos del Canto Original, escondidos en estanques ancestrales sellados por melodías olvidadas. Cada fragmento sólo puede ser liberado cuando un koi resuena con la frecuencia emocional exacta del lugar.
Mei y Tobi parten hacia el Estanque Susurrante, una laguna tan silenciosa que incluso las ondas parecen evitar perturbarla. Allí, descubren que el fragmento está encerrado dentro de una flor de loto que no se abre con fuerza, sino con vulnerabilidad. Tobi, que siempre ha escondido su inseguridad tras el humor, debe confesar su miedo a desaparecer, a no tener un lugar en la historia. Su voz temblorosa abre el loto, revelando el primer fragmento.
Mientras tanto, Una y Kana llegan al Estanque de los Ecos Inversos, donde cada melodía que se canta retorna distorsionada, revelando los pensamientos ocultos del que canta. Kana se muestra segura, pero cuando canta, su voz retorna con una tonalidad infantil, deseando aprobación. Una la escucha y no la juzga. Canta junto a ella, y juntas armonizan la contradicción: verdad y deseo. El segundo fragmento se libera.
Shoma, por su parte, llega solo al Estanque del Vacío Suspirante, un lugar donde el agua flota, pero no cae. Allí, no se necesita cantar… sino escuchar. Shoma permanece en silencio, hasta que la herida de su cuerpo empieza a emitir un tenue eco: su cicatriz canta por él. Al aceptarlo como parte de sí, el tercer fragmento se une a su escama.
De regreso en Harumizu, el Guardián siente el cambio. “Tres notas han despertado. Pero sólo cuando todas estén reunidas, la melodía podrá decidir si renacer… o destruir.”