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PROYECTO KOI

068. El Estanque sin Fondo

Guiados por las notas fragmentadas de Hibiku, los koi llegan al límite más profundo de Harumizu: el Estanque sin Fondo, un abismo silencioso donde la luz desaparece a escasos metros de la superficie. Se dice que es el único lugar del estanque donde nunca ha resonado ninguna canción completa, porque todo lo que cae allí… se olvida.

El descenso no es físico solamente, sino también espiritual. Para entrar, deben abandonar sus nombres, ya que las melodías del fondo solo reconocen las voces, no las identidades. Uno a uno, los koi susurran sus nombres al agua, y sienten cómo parte de ellos se diluye en la negrura.

A medida que descienden, el agua se torna espesa y oscura, y los recuerdos comienzan a desvanecerse. Mei olvida su primera nota. Hikari no recuerda por qué se convirtió en protector. Tobi duda de su promesa. Incluso Kana comienza a perder el ritmo de su corazón-canción.

Pero justo cuando la desorientación los consume, una melodía surge desde el fondo. Es tenue, apenas audible… pero tiene la estructura del Verso Final. Sin palabras. Solo resonancia pura. Es el eco de miles de voces que alguna vez fueron olvidadas, ahora esperando ser recordadas.

Kana, sostenida por los vínculos invisibles del grupo, entona una melodía que no proviene de su memoria, sino de su instinto. A esa melodía se le une la voz sin forma de Nokuro, que desciende junto a ellos como una sombra hecha nota.

El Verso Final no es una composición que pueda ser escrita. Es el eco de todo lo que no se dijo, pero se sintió.

Al regresar a la superficie, sus nombres les son devueltos por el agua. Pero ya no son los mismos. Llevan en su interior el fragmento perdido.

Y con él… el inicio de la Canción Madre.

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