Aoi se encuentra frente a Sakuya, la koi envuelta en pétalos negros. No habla con palabras, sino a través de sensaciones y visiones reflejadas en el agua. Aoi siente en su mente imágenes antiguas: estanques desbordados por luz que gira al revés, guardianes sellando grietas en la realidad, y Sakuya enfrentándose sola al flujo torcido del tiempo.
Ella le revela que fue una de las guardianas originales, pero su intento de cerrar un ciclo temporal fallido la condenó a vagar como sombra. Está atrapada entre presente y pasado, sin poder avanzar ni desaparecer.
Sakuya propone una elección a Aoi: si la sigue, podrá descubrir la verdad sobre los estanques ocultos y su propia creación espiritual. Pero eso conlleva un precio: al hacerlo, comenzará a desprenderse de su forma natural, como Mizuto.
Hanari, que ha llegado siguiéndolos, desconfía de Sakuya. Pero entonces, ella les muestra una visión de Shigure, atrapado en una corriente inversa, sus escamas perdiendo brillo, su voz repitiendo el nombre de Aoi.
Aoi decide seguirla. Se sumerge junto a Sakuya en el fondo del Estanque Quebrado. Mientras descienden, su cuerpo comienza a emitir una luz suave, como si algo en su interior despertara. Hanari observa desde la orilla, temiendo por su amigo.