Sinopsis: Hikari abraza a Fukai y canta el himno de Suijin.
Momento clave: Fukai llora, liberando las almas atrapadas.
Desarrollo: Hikari se disuelve en luz, sacrificándose por todos.
La partida de Hikari ha dejado una ausencia luminosa en el corazón de los Guardianes. Aunque la paz reina, hay una sensación de transición inminente. El equilibrio ha sido restaurado, pero no estabilizado del todo. Los estanques reflejan imágenes nuevas: peces koi que jamás habían sido vistos, colores que no existían antes. Algo está despertando.
Renga se separa del grupo y se interna en las Raíces Sumergidas, un laberinto de aguas profundas donde las melodías del origen aún resuenan. Allí encuentra un eco de la Canción del Primer Estanque, pero fragmentado, como si esperara ser completado. En ese lugar ancestral, descubre inscripciones hechas por koi que vivieron antes del primer ciclo. Todos hablaban de una figura: La Voz Sin Nombre.
Mientras tanto, Aonami, ahora más conectado a las emociones colectivas, percibe que nuevas almas koi están emergiendo en distintos puntos del mundo. No han sido entrenadas, no conocen las reglas… pero poseen una conexión natural con el agua y sus memorias. Son los Guardianes del Nuevo Ciclo.
Tsuyo, Yuki, Shōen y Kazan emprenden un viaje por los estanques restaurados, no para defenderlos, sino para guiar. En cada uno, encuentran jóvenes koi con habilidades inesperadas: control del reflejo inverso, canto de corriente viva, capacidad de restaurar recuerdos con solo nadar cerca.
Sin embargo, en medio de ese renacimiento, un misterio aparece: una corriente desconocida fluye desde un punto ciego del mapa koi. Ningún Guardián la reconoce. No es maligna, pero tampoco natural. Su pulso parece ser… una respuesta.
Los ecos de lo que vendrá ya se sienten.
Renga regresa con una advertencia escrita en piedra líquida:
“Cuando la memoria se renueve, el reflejo exigirá un nombre.”
Y así, la historia se prepara para su renacimiento final.