La niebla se arremolina mientras el Ojo de Kogane comienza a abrirse. Una luz profunda y dorada se extiende desde el lago, envolviendo a Hikaru, Hana, Sui y Kurotsuki, que decide acompañarlos como guía. Shiori y las Tres Siluetas de Ébano se desvanecen misteriosamente, dejando tras de sí una advertencia: “Una vez crucen, no podrán volver siendo los mismos.”
Dentro del Ojo, el grupo despierta flotando en un espacio irreal. No hay agua, no hay cielo. Sólo un vasto plano de memorias koi que nadan como peces translúcidos en el aire. Están en el Río de Origen, un lugar entre mundos donde las primeras luces koi fueron creadas a partir de emociones puras.
Aquí, los recuerdos de los protagonistas toman forma física. Hikaru se enfrenta a una versión infantil de sí mismo, atrapada en una esfera de cristal, incapaz de hablar. Hana observa el eco de su abuela, la sabia del estanque de Nadeshiko, repitiendo un antiguo poema: “Donde fluye la lágrima, nacerá el color.”
Sui, en cambio, escucha el canto de los Nenufares Perdidos: guardianes de secretos antiguos que le susurran un destino oculto. Descubre que ella no solo es la heredera de los estanques, sino la llave para despertar a la Llama Marina, una entidad que puede purificar o destruir el ciclo koi dependiendo de su portador.
Kurotsuki se sacrifica al final del episodio. Su cuerpo, al ser un fragmento de este plano, comienza a disolverse, permitiendo que los koi atraviesen la puerta que los conduce aún más profundo: hacia la Cámara de los Ecos Sin Nombre, donde Aika aguarda.
El episodio cierra con un silencio solemne y una frase suspendida en el aire: “Lo olvidado no muere. Solo duerme.”