Después de sobrevivir a la prueba de las memorias no propias, los cuatro koi despiertan en el umbral del Lago del Origen, que por ahora permanece cubierto por una cúpula de niebla líquida. Sin embargo, antes de entrar, una última prueba los espera: el conocimiento de cómo todo comenzó… y de cómo podría terminar.
En el centro del campo dorado aparece un antiguo pez koi, enorme y translúcido, con escamas que reflejan siglos de historia. Se presenta como Tsuyuhane, el Guardián del Primer Reflejo. Su voz no suena, vibra en el agua. Les ofrece una elección: mirar el principio de los estanques o seguir adelante ignorando la raíz de la maldición que los persigue.
Los cuatro aceptan ver.
Son transportados a una visión milenaria: el nacimiento del primer estanque espiritual. No era un lugar físico, sino un deseo colectivo de unidad entre las especies de agua. Allí, los primeros koi no eran simples peces, sino entidades de energía pura que encarnaban emociones del mundo. Pero uno de ellos —llamado Kyoren— fue consumido por el miedo a desaparecer, y contaminó el agua con su angustia, dando origen a las rupturas entre estanques y al olvido.
Esa angustia es la que aún habita en los estanques vacíos.
Kana llora al comprender que muchos conflictos actuales provienen de ese dolor inicial. Tobi pregunta si Kyoren fue destruido. Tsuyuhane niega:
“Kyoren no fue destruido. Fue… contenido. Y su sello se debilita.”
Shoma, profundamente afectado, pregunta qué pasará si llegan al corazón del lago. Tsuyuhane responde:
“La verdad será un espejo. Y ustedes… serán el reflejo.”
El episodio termina con los koi avanzando, y la niebla del Lago del Origen comenzando a disiparse. En su centro, un remolino de luz y oscuridad los espera.