Después de la advertencia de Ukari, los protagonistas se sumergen en un sendero de luz que se desenrolla entre los cielos como un río flotante. La atmósfera se vuelve más densa, salpicada de reflejos estelares. Pronto descubren que no están nadando entre estrellas, sino entre estanques antiguos que han quedado suspendidos en el firmamento, olvidados por el mundo koi.
Cada estanque tiene un brillo y color únicos. Mei se acerca a uno dorado y es arrastrada por una corriente de recuerdos ajenos: una historia inconclusa de un koi que nunca se atrevió a dejar su estanque. Tobi queda fascinado por una constelación en forma de espiral, que al tocarla proyecta escenas de un antiguo conflicto entre guardianes del cielo. Kana y Shoma se separan, investigando estanques con tonos violáceos que reflejan no solo imágenes, sino emociones de otros.
Los koi pronto comprenden que cada uno de estos estanques fue alguna vez el centro de una vida, de un deseo no cumplido o de una historia que se desvió. Ukari les revela que están ante el Cementerio de los Deseos, donde cada estanque representa una posibilidad perdida, una vida alternativa que alguna vez estuvo cerca de concretarse.
Aquí, el grupo debe evitar caer en la tentación de corregir lo que no les pertenece. Las aguas los seducen con visiones de lo que podría haber sido: Mei como líder suprema del clan koi; Tobi como héroe solitario; Kana en un mundo sin dolor; Shoma como guardián invencible. Pero deben resistir.
La tensión culmina cuando uno de los estanques comienza a absorber la energía de Shoma, atrayéndolo con la imagen de su hermana perdida. Solo al unir sus auras en un canto sincronizado, logran disolver la ilusión y estabilizar el estanque estelar.
El episodio cierra con la voz de Ukari: “Aquel que conoce los destinos que nunca fueron, carga con el doble peso del presente.”