Los koi son guiados por Suiro a una zona antigua y casi olvidada de Harumizu: el Estanque que Respira, una masa de agua que late como un corazón dormido. La leyenda dice que bajo sus profundidades yace una red de canales que conectan todas las realidades posibles… pero sólo se activan con melodías verdaderamente puras.
Hikari siente una presión en su pecho apenas se acercan. Su melodía interior, siempre firme, comienza a descomponerse en notas quebradas. “Este lugar… me está escuchando por dentro”, dice, con voz temblorosa.
Para descender, los koi deben sincronizar sus cantos en una sola frecuencia. Tobi lidera el tono, Mei el ritmo, y Kana modula la vibración. Una permanece en silencio, observando las respuestas del agua a cada nota. Finalmente, con un suave eco que parece un suspiro, el estanque se abre, mostrando un vórtice de luz líquida que los absorbe lentamente.
Dentro, encuentran un laberinto de reflejos en movimiento, como si cada canal mostrara una versión alternativa de sus decisiones. Kana ve un camino donde nunca siguió a Una. Tobi contempla una vida donde su voz fue silenciada. Hikari encuentra un reflejo de sí mismo siendo líder… pero sin nadie a su lado.
La presión crece. El estanque comienza a agitarse, como si detectara las contradicciones internas de cada koi. Solo Una, serena, logra encontrar el canal correcto: uno que no muestra el futuro, ni el pasado… sino el presente real, tal como es.
“Este es el único reflejo que no quiere convencerte de nada”, dice. Al cantar una nota suave pero firme, el laberinto se calma.
El grupo emerge a la superficie, exhausto pero lúcido. El estanque ha revelado verdades ocultas… pero también ha dejado una advertencia en el agua: el equilibrio de Harumizu depende de la fidelidad al ahora.