En las profundidades del estanque, Aoi y Sakuya alcanzan una cámara sumergida cubierta por estatuas sin ojos de koi guardianes. La luz es tenue, filtrada por capas de agua densa. Aoi observa los símbolos antiguos en las paredes: los mismos que vio en su primer despertar.
Sakuya le revela que su existencia es el resultado de una convergencia de líneas temporales. Él no fue “nacido”, sino ensamblado por las memorias de guardianes pasados para mantener la continuidad. Su vínculo con Shigure fue un error necesario, creado por el reflejo imperfecto del estanque original.
En el centro de la cámara hay un espejo suspendido de agua. Sakuya le advierte: si lo toca, podrá ver a Shigure, pero romperá el equilibrio y arriesgará que el tiempo se pliegue.
Aoi lo toca.
El agua vibra. La voz de Shigure atraviesa el plano: “Aoi… no debiste venir aquí.” Su reflejo aparece, empapado en una luz turbia. Su cuerpo está rodeado por raíces oscuras que lo arrastran hacia lo profundo.
Aoi grita, pero la imagen se distorsiona. Entonces, ve su propio reflejo… o algo que se parece a él. Tiene los ojos sin luz, y detrás, una sombra crece: su forma futura, corrompida por decisiones aún no tomadas.
El episodio cierra con Aoi temblando en la oscuridad líquida, mientras Sakuya dice: “Aún puedes elegir… pero el tiempo ya ha comenzado a doblarse.”