El canto de Mei se une al de los demás. Uno a uno, todos los personajes canalizan su historia, dolor y crecimiento en notas puras. El Espejo Sumergido comienza a vibrar, y Narakai se quiebra: no puede existir en un mundo donde las emociones no buscan perfección, sino conexión.
Yari canta su primera melodía real. Kana llora al escucharla.
El Trono del Último Estanque se desmorona en luz. El Espejo se reconstruye no como un objeto, sino como un lazo emocional entre los koi. Aogiri resplandece una vez más.
Los personajes regresan a la superficie. Mei escribe una última entrada:
“No vencimos al vacío. Le enseñamos a cantar.”