Con la Canción Invertida como llave, el grupo llega al Último Estanque, un lugar sellado desde tiempos ancestrales. Aquí se encuentra el “trono de la creación”, un altar donde se originaron los mil estanques y donde Narakai fue encerrado siglos atrás por los primeros koi armonizadores.
La batalla emocional empieza. Narakai, ya con forma casi definida, les habla en sus voces: los seduce con visiones de versiones perfectas de sus vidas.
Kana ve a su familia unida, sin dolor ni exilio.
Tobi ve a Sankyo, su abuelo, como un héroe consagrado.
Yari ve un mundo donde nunca fue olvidada.
Pero Mei recuerda las palabras del Acorde Silente: “No hay luz sin sombra ni canto sin pausa”. Ella toma la delantera y empieza a cantar con una voz temblorosa pero firme.