La melodía surgida de Yumemizu guía al grupo hacia un rincón oculto del Reino Acuático, donde el agua no refleja el presente, sino aquello que pudo haber sido. Este lugar, conocido como Niji-no-Kakera (Fragmento del Arcoiris), es un remanso detenido en el tiempo. No hay corriente, ni viento… solo el eco constante de una canción incompleta.
Allí habita un coro de koi espectrales, llamados los Shiranai, cuyas voces son suaves pero infinitas. No pertenecen al pasado ni al futuro; son los recuerdos de posibilidades que jamás llegaron a cumplirse. Uno por uno, se dirigen a Mei:
—“Tú que fuiste Llama y Fuga, tú que no elegiste ser Silencio… ¿nos recuerdas?”
Cada nota que cantan muestra a Mei una versión de sí misma que no fue:
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Una Mei que eligió quedarse con su madre.
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Una Mei que abandonó la música.
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Una Mei que eligió el poder en vez de la empatía.
El coro no la acusa, solo canta esas rutas no tomadas, y le ofrece una elección: olvidar y seguir… o recordar y transformar.
Mei responde con una nueva melodía, que no niega esas posibilidades, sino que las abraza como parte de su luz. En lugar de elegir una, las canta todas, hilándolas en una armonía inesperada.
Los Shiranai sonríen.
—“Ahora puedes continuar. La Canción Original recuerda.”
El episodio termina con una escena en silencio total. Mei flota en aguas plateadas… mientras un pequeño koi blanco la observa desde la distancia, su luz temblando.