Namika, cada vez más inquieta por las visiones del estanque oculto, decide hablar con Midori, una koi ermitaña que vive en las aguas frías del Bosque Sumergido. Midori es conocida por su sabiduría ancestral y por haber escuchado la “voz del agua” en su juventud. Al oír el relato de Namika, Midori guarda silencio unos segundos antes de pronunciar unas palabras que estremecen a la joven koi:
“Has oído la canción del estanque que duerme más allá del tiempo.”
Mientras tanto, Tobi llega a una antigua corriente olvidada. En su lecho encuentra conchas fósiles y fragmentos de escamas opacas, pertenecientes a koi que ya no existen. Las piedras están cubiertas de musgo, pero también de símbolos antiguos: son marcas de un estanque perdido conocido solo por su nombre: Kagetsui —el “Estanque del Eco Eterno”.
En Aogiri, las aguas están extrañamente quietas. Mei se da cuenta de que algunos peces han comenzado a soñar lo mismo: luces flotantes, una bruma espesa, una canción sin letra. Kana regresa brevemente, pero su mirada parece distante, como si sus pensamientos estuvieran divididos entre dos mundos. Reiga intenta conectarse con él a través de su poder espiritual, pero Kana se desvanece entre la niebla sin decir una palabra.
Namika, tras hablar con Midori, nada hacia lo más profundo de Aogiri y comienza a meditar. Al cerrar los ojos, siente la melodía de la niebla envolviéndola, como si cada nota fuera una memoria dormida. En ese trance, vislumbra la puerta de agua que lleva al estanque escondido. Cuando abre los ojos, el agua a su alrededor está suspendida, quieta como un espejo… y en su reflejo aparece una versión de sí misma que sonríe con ojos que no le pertenecen.